Me echaba de menos

Me echaba tanto de menos que he dedicado buena parte del día a ser consciente de ello. Echaba de menos mirarme no solo verme. Tengo manchas nuevas en mi rostro y aunque las ojeras han desaparecido después de estos primeros días de descanso sé que estos meses me han pasado factura. No hay nada que el maquillaje y las cremas no puedan disimular. La idea de aceptarme con todas esas imperfecciones está clara y la de no luchar contra el paso de los años también pero sin abandonar la idea de sentirme bien tanto por fuera como por dentro.

Me echaba de menos porque estos últimos meses han sido de ir con prisas, cubrir el expediente del auto cuidado y dejar muchas cosas personales aparcadas. Pero gasto mis veranos para recuperar parte de tiempo y dedicarlo a mí y solo a mí porque para tirar del barco necesito estar y ser yo dentro de un buen equilibrio físico, emocional y espiritual.

Necesitaba volver a hablarme y a escucharme dejando de lado ese ruido innecesario que viene de fuera y me aleja de quien soy. Necesitaba darme cariño y comprensión. Saber que tengo paz en medio de un mundo revolucionado e insensible que ahorca mi paciencia. Practicar la sonrisa y olvidar las expectativas de que el otro te la devuelva.

Llevaba meses escondiendo mi parte sensible y dejando aflorar mi parte racional y mental pero estoy cansada de mantener a raya esa otra parte de mí que no muestro a casi nadie. Pero como siempre la vida viene a empujarme y un día afloran las lágrimas en el momento menos esperado y con el público menos pensado.

No soporto lo que no creo justo y ahí si saco todos mis recursos. Con voz pausada voy expulsando cada uno de los motivos y razones. Quizás pierda pero mi propia victoria es aceptar que no hay nada personal aunque el otro escupa sus palabras de forma elevada.

Me echaba de menos porque no tenía nuevos retos, solo sobrevivir y acabar el curso académico. Porque mi lista de cosas para hacer, probar, innovar estaba estancada. Porque mi agenda de ocio estaba llena de muchas cosas para compartir pero no solo para mí. Porque el futuro estaba sombreado de gris mientras el presente estaba envuelto con luces de neón. Porque no me he parado a pensar ni a meditar solo a ejecutar y resolver. Porque me he cansado de hacer puzzles y de encajar las fichas de todos y dejar las mías de lado. Porque he dejado que la culpa me conquiste y me he juzgado por no estar para todos y todo. Porque no he sabido equilibrar todas las facetas que viven en mí y he dejado que algunas ganen más que otras.

Me echaba de menos. Te echo de menos. Me quiero y te quiero a ti que has conseguido mover el suelo bajo mis pies y me has mostrado que podemos ser dos sin dejar de ser uno y sin renunciar a lo que somos. A veces no entiendo tu humor ni tú mi falta de él pero si tengo que equivocarme quiero hacerlo contigo y que sea el tiempo quien decida por nosotros.

El poder del pensamiento

El pensamiento tiene todo el poder sobre nosotros. Nos controla, nos descontrola, nos llena y vacía, nos lleva hasta arriba y nos baja hasta el abismo. Nos nubla y nos esclarece. Nos sitúa y nos aparta. Nos hace aparecer y desaparecer. Nos refleja y nos engaña. A veces nos miente y otras nos grita la verdad.

El pensamiento es esa voz que no calla nunca. Que nos pregunta, que nos cuestiona, que nos saca de nuestra zona, que nos hace reflexionar, que nos muestra eso que duele, que nos impulsa a la acción y a decidir. El poder del pensamiento es ese que una vez te impulsa a la acción y a la decisión y ya no hay nada ni nadie que pueda pararlo.

Lo importante es saber distinguir el buen pensamiento del que no lo es. El primero querrá nuestro bien, nos hablará con firmeza pero con dulzura. El otro, nos dejará sin aire, oprimirá nuestro pecho, cortará nuestras alas y nos quitará la libertad de elegir porque usará el miedo para dominarnos.

Todos tenemos miedo a no saber hacer las cosas, a equivocarnos, a cometer los mismos errores, a no estar a la altura, a no saber responder a las expectativas y a nuestras autoexigencias. Todos nos dejamos dominar por el miedo pero a veces hay que ponerse delante de él reconociendo su poder sobre nosotros y aún así caminar hacia lo que queremos.

Pensamiento y miedo son la mayor arma de destrucción que puede haber sobre nosotros mismos. A veces cuando los pensamientos nos comen por dentro es necesario parar a mirarlos, a escucharlos y saber si los necesitamos o no. Algunos son pura chatarra, otros solo palabras y unos pocos de los buenos son los que nos sacan de la línea roja.

Llevo un tiempo en esa línea roja. Tan roja que ha ganado esta partida. Sin aliento, oprimida. Reprimida, constreñida y sin ser libre. Poco a poco esos pensamientos me han derrotado hasta hacerme enfermar físicamente. Y han sido unas pocas palabras de alguien a quien escuchaba por primera vez las que me han vuelto a situar y darme cuenta cuanto pensamiento sucio necesito lavar en este tiempo de descanso para volver a ser quien quiero ser y merezco ser.

A veces el vaso desborda. Desbordan los acontecimientos, los sentimientos, las emociones, las circunstancias y todo se descontrola. A veces no se sabe muy bien cómo se llega ahí. Y necesitas que tu terapeuta te diga que no hay nada que puedas hacer porque la vida ha querido todo eso para ti y tú todo eso de la vida. Y es ahí cuando te permites llorar porque no hay nada más sanador que dejar que las lágrimas se lleven todo lo que tú mente sabe pero tu corazón no entiende. A veces hay que saberse frágil para volverse más fuerte.

Decir que el tiempo lo cura todo es poco para todo lo que el tiempo puede hacer por nosotros. No hay nada ni nadie que pueda ayudarnos más que nosotros mismos cocreando pensamientos amables con nuestras circunstancias porque ellas no van a cambiar pero nosotros sí y el poder del cambio existe dentro de todos solo hay que creerse más esos pensamientos que nos empujan a él. Todo no serán unicornios de colores ni arco iris pero hay pequeñas cosas que parecen imposibles y un día sin magia se consiguen.

Fin

Mañana llega el fin de un nuevo curso y no lo digo ni con pena ni morriña si no más bien con un gran alivio. Mi cuerpo no puede más, mi cabeza tampoco y no hablo de mi paciencia lo que ya no alcanza. Tengo las pulsaciones alteradas y las ideas agotadas.

Y no es que estemos a final de curso solo es que estamos al final de un curso que me ha puesto a prueba en muchos sentidos. Adaptarme a una nueva ley educativa que no acabo de entender en algunos de sus aspectos merma mi forma de enseñar y de trabajar.

Pasé épocas peores a nivel personal en mi vida pero este curso escolar ha sido profesionalmente en el que más impotente me he sentido. Ante mí una sociedad que no entiendo, un trabajo que se ha convertido en todo menos en enseñar y una lidia constante con personas afectadas mentalmente que me han hecho apostar más que nunca por la terapia.

Este ha sido el curso de cuidar lo que se dice, lo que no se dice, el qué se dice, el cómo y el cuándo. De medir lo que transmites y lo que no. De analizar lo que haces y de justificarlo constantemente. Y de apostar por lo que creo firmemente porque para eso soy la capitana de mi barco. Pero sí hubo días en que hubiera echado el ancla y me habría bajado de él.

También aprendí mucho de todo, todos y de mí misma. Algunos esperan que sea la motivadora de sus retoños, otros la enfermera y psicóloga, otros la guardaespaldas pero agradezco enormemente a los que han confiado y han visto en mí lo que soy, una maestra de primaria que hace su trabajo siempre desde la mejor voluntad.

He sido colmada de cariño y de respeto por los protagonistas de mi aula y a ellos es a quienes hay que dirigir los esfuerzos. Creo que andamos todos un poco descentrados con qué es lo importante y a todos nos da por opinar y juzgar de más cuando somos los maestros los que más tiempo pasamos con los niños.

Mañana respiraré fuerte mientras abrazo a cada uno de mis veinticuatro alumnos. Les desearé unas buenas vacaciones y empezaré a desmontar mi aula y a pensar en un nuevo proyecto. En algún momento he perdido la ilusión, la motivación y el deseo de continuar pero me niego a hacerlo por otros motivos que no sean los puramente educativos.

No prometo ser esa profesora de hace diez años pero voy a esforzarme en estas merecidas vacaciones por usar mi goma de borrar porque tal y como les enseñé a mis alumnos este curso todos podemos siempre borrar y volver a empezar. Y eso, como muchas otras cosas no están en el temario ni en las programaciones pero enseñar es el camino más incierto que jamás recorreré.

¡Fin curso 2022-2023!

Un cuerpo, mil facetas

Mi reflexión de hoy es acerca de cuantas facetas puede albergar una misma persona. Si fuéramos una moneda solo tendríamos dos caras aunque también pudiéramos caer y rodar por el suelo al final mostraríamos uno de los lados.

Pienso en mí y soy un mismo cuerpo transitando cada día entre varias facetas. Me levanto siendo una mujer despeinada que se pone el delantal de mamá para preparar desayunos y almuerzos. Salgo por la puerta de casa y atravieso la del cole para enseñar las horas de un reloj o las partes de un río. Me pongo los guantes de enfermera para curar algunas heridas de guerra fruto de la intensidad que se vive en el patio. Y acabo mi jornada haciendo coaching para que mis alumnos no pierdan la motivación, esa que nadie más parece poder transmitirles.

Estamos a final de un duro curso escolar que finaliza en pie de guerra pidiendo audiencia a golpe de mazo. Mi salud se resiente, mi garganta a penas mantiene su voz pero dentro de setenta y dos horas doy por concluido este año. Entonces y solo entonces me sentaré a reflexionar acerca de cómo hemos llegado a este punto de no retorno en la enseñanza. No me darán el diploma a la mejor maestra del año ni tampoco a la más diplomática pero a las cosas hay que llamarlas por su nombre desde el más absoluto respeto.

Ser madre y maestra fueron las mejores elecciones que hice en el pasado. Pero hay otras silvias que habitan en mí y que van pulsando poco a poco. Algunas no las elegí yo si no que me eligieron ellas. Algunas no desaparecieron simplemente se adormecieron y ahora ante su llamada tienen que despertar. Ya probé a ignorarlas y pagué un precio muy alto. Malgasté muchas monedas y ahora con las que me quedan he de encajar las piezas del puzzle.

Mi vida siempre estuvo llena de renuncias por muchos motivos. Hubo un tiempo en el que las acepté sin más pero ahora no es ese tiempo, ya no, ya no va conmigo. Ya no puedo, ya no quiero. La sangre llama a la sangre. Los antepasados tiran y los presentes claman por ti. La lealtad tiene un precio muy alto pero cuando lo pagas te sientes ligero y lleno de paz. Entonces sabes que haces lo correcto aunque otros miren de reojo.

Empieza la estación veraniega. Los días se llenan de sol, mucha agua llena de sal y cloro y helados de media tarde. Días de descanso y noches de baile. Viajes, planes y risas. La vida continúa y la paciencia todo lo alcanza. Sé que el sufrimiento viene sin que se le espere igual que las conversaciones largas y tediosas curan heridas y abren brechas. Sé que al amor no le van los números y que vivir es arriesgar. Aprendí que levantar muros solo sirve para separar pero que también se pueden derribar. Lo mejor del tiempo es que coloca a cada uno donde debe estar y ahoga las amarguras y que también da y quita la razón.

Sigo explorando nuevas facetas y quien sabe si el verano traiga nuevos aires y me despeje la mente. O tal vez, vengas a devolverme la paz que me quitó el invierno y ahuyentes todo eso que ya no forma parte de ninguna de mis facetas. Tal vez, todo o tal vez nada…

Tan y tanto

Tan heridos y tan rotos como muñecas de porcelana donde las piezas ya no encajan y solo dibujan cicatrices.

Tan solos y silenciosos rodeados de miles de personas y un ruido constante que nos colma la paciencia.

Tan emperadores de un imperio que no es nuestro y viviendo con las prisas de los perdedores.

Tan cansados de todo y todos pero siendo actores de una vida de la que dejamos de ser los actores principales.

Tan temorosos de tomar las decisiones que necesitamos por miedo a no saber vivir con lo que deseamos.

Tan capaces de todo por alguien que no nos merece y de nada por quien nos lo da todo.

Tan poco agradecidos por lo que tenemos y ansiando lo que creemos merecer sin apreciar que muchos renunciaron a todo para que nosotros podamos hoy respirar.

Tan incapaces de aprender del pasado transitando de puntillas por un presente que nada sabe del futuro.

Tan preocupados de ser amados sin saber amar, de querer ser comprendidos sin comprender y correr sin haber aprendido a andar.

Tan anclados a lo material y a lo superficial. Tan elevado nuestro ego y tan baja nuestra humildad. Tan queriendo ser parte de un todo cuando no conocemos nuestro yo. Tan elevados al cielo cuando nuestros pies necesitan tocar el suelo. Tan mayores dejando que nos domine nuestro niño interior que bate con sus pies la tierra.

Tan vendedores cuando no aprendimos a comprar. Tan limitados cuando solo buscamos ser libres. Tan consejeros de otros.

Tanto buscar el ideal, lo perfecto, la felicidad absoluta, el diez en el examen, el récord mundial, encajar a cualquier precio, subir a un rascacielos y rodar sin límites… y llega el día que lo ideal cambia, que la felicidad es relativa, que un cinco está bien, que ya no vale encajar, que nos gusta vivir en una planta baja y que establecerse en un tiempo y en un espacio es lo que queremos.

Tan y tanto que nos queda por vivir pero sabiendo que el hacer las cosas bien no significa que consigamos lo que queremos y que hay veces que las cosas no pueden ser y las personas tampoco. Hay zapatos que no encajan y no todos los tacones son para todo el mundo. Los días de sol también hay lágrimas y el siete no siempre es mágico.

Tan y tanto…

Decisiones

Los días están llenos de decisiones que a veces se convierten en aciertos y otras en errores. Pero de nada vale juzgarse por lo errado porque sólo quien juega sabe que lo fácil es ganar. Perder es lo que nos hace reales y coloca nuestros pies en el suelo y no en los sueños.

Tomamos decisiones en ocasiones arrastrados por la impulsividad y no por el pensamiento. La vida va más rápido de lo que nos gustaría y no hay tiempo de espera ni de reflexión. Los acontecimientos nos chafan los talones y siendo capaces de decir “no” acabamos diciendo “sí” consumidos por la culpa.

En el devenir de la días a veces nos olvidamos de dedicar unos minutos a meditar en silencio aquello que no somos capaces de decir en voz alta. Acallar lo que nos quema por dentro hace que nuestro cuerpo acabe ardiendo por fuera.

La agitación de la rutina va haciendo que vivamos a trompicones y que solo podamos combatir la descarga eléctrica de los acontecimientos a golpe de decisión rápida. Todos los días con la sensación de no llegar a nada, no culminar nada y mucho menos hacerlo con total consciencia.

Hace un tiempo sentada sobre la roca de un pequeño acantilado veía ante mí la postal que hace un tiempo llevo dibujando y acuarelando. Fueron unos pocos minutos pero me dio el tiempo suficiente para saber que ahí estaba lo que quería para el futuro de mis pequeñas campanillas. La vida sabrá que hace con cada uno de nosotros cuatro pero sé que elegí a quien querría para ellas. Alguien que las deje volar pero las abrace sin que ellas lo pidan, alguien que las acepte sin cambiarlas y que les sea leal para siempre.

Llegan los días finales de la primavera y ando revuelta. Mi cuerpo anda en pie de guerra y mi mente no descansa pero mi corazón sigue latiendo al ritmo que puede. No me exijo estar emocionalmente al cien por cien ni ser diplomática. Dosifico mis energías y visualizo el verano como fuente de calma. Él, ellas y tantos otros me soportan y aunque no me gusta esa sensación de soporte, sé que los que me rodean saben que en nada vuelve la de siempre.

Mucha fuerza a todos. La primavera además de trompetera es exigente porque sabe que después nos traerá la recompensa que merecemos.

Llegué al lugar…

Llegué al lugar que buscaba en el que quiero quedarme porque puedo irme. Puedo desplegar mis alas y volar pero eso sería alejarme y quiero estar cerca para echarte de menos cuando esté lejos. No sé si eres mi destino pero sí mi camino. Caminé hacia ti para encontrarte aun sabiendo que tus pies no se movían hacia mí. A veces las historias no son cómo empiezan si no como se tejen los días que las componen.

En el reino de mi fantasía ellas bailan conmigo para siempre aunque les enseñé que los nunca y los siempre no existen. Nadie acaba de dejarnos nunca y nadie permanece siempre con nosotros. Agarró su mano fuerte con la mía y aunque un hilo rojo nos une por toda la eternidad sé que no me pertenecen. Un poquito de mí va con ellas cada mañana al cruzar la puerta de una vida que no controlo porque no es mía es suya y sólo suya.

Es primavera. Algunas noches acudís a mis sueños y sé que queréis de mí pero necesito más tiempo. No cerré mis heridas pero ya no hay sal que escueza. Con vosotros aquí nada hubiera sido igual pero quizás era necesario que todo fuera distinto. Acaricio mis estrellas tatuadas mientras recuerdo vuestro olor y todo eso que me enseñasteis y que no se aprende en los libros. Viviría un año menos de vida solo por haber ganado un año más con vosotros. Volveremos a encontrarnos antes o después.

Se acerca una nueva vuelta al sol. Un nuevo año lleno de días de luz y algún que otro nubarrón. Retos constantes, maternidad a prueba diaria y una vocación que se diluye entre tanto papeleo y tanto molino de viento. No fui tan ingenua para pensar que cambiaría el mundo pero si creía que la educación y el respeto serían eternos y jamás se olvidarían. Quizás el error estuvo en usar otra palabra que no existe como el jamás.

Me quedo aquí conmigo, conociéndome, ayudándome e intentando no castigarme por lo que ya no puedo cambiar. Queriéndome, cuidándome y viviendo sin cargar con las expectativas de nadie. Eso me debilita y no corren tiempos para flaquear. Sé que no escucho siempre a mi cuerpo y que en mi próxima vuelta al sol no puedo dejar que la electricidad de los acontecimientos me descargue.

Solo prometo aquello que voy a cumplir. Intento ser leal y fiel a los que me quieren de verdad. Sé que tengo deudas y no podré saldarlas. Me costó mucho aceptar que esto es así y perdonarme por ello. Pero ya no vuelvo atrás. Ahora me quedo aquí conmigo, contigo, con ellas y con un montón de nuevos ellos y ellas que estamos construyendo.

Llegué al lugar en el que puedo ser yo y dejar de serlo. Ese lugar en el que poder acurrucarme y hablar sin alzar la voz. Ese lugar en el que no necesito estar en estado de alerta. No hay nubes de algodón ni unicornios pero sí arco iris. Y es justo en ese momento que entendí que aquí hay toda la luz que necesito y sé que tú estás ahí para recordarme que mis palabras estén siempre llenas de ella. Y este es un siempre para siempre.

¿Quién soy?

Lleno tus espacios. Ocupo tus estanterías. Dejo que mis hojas se amarilleen y sufran el paso del tiempo. Me cubro de polvo y soy el único que jamás te abandona. Un día me escogiste por mi cubierta, otro por lo que contaba en mi solapa pero yo te elegí porque siempre supe que me darías el valor que merezco.

Desde niña cuidaste mis tapas para que sus bordes no se desgastaran. Me ordenabas por altura y sigues haciéndolo. Te gusta el ejército que he armado en tus baldas y me exhibes con cariño a quien pregunta por alguno de mis soldados.

Nunca he soportado verte llorar mientras tus lágrimas humedecían mis letras pero sé que hay lecciones que has aprendido gracias a los nombres que hay grabados en mi lomo. Me compensa haberte visto reírte tu sola sin importar dónde ni con quien.

Interpretas mis líneas con el corazón no con la cabeza y eso es algo que muchos no entienden. Sé que te gusta aquello que te hace cuestionarte lo que dabas por bueno y que te sumerges en mis tripas hasta leer el último punto.

Siempre has sabido que leer nos hace libres no esclavos. Que nos hace soñar con lo alcanzable y nos hace imaginar lo inalcanzable. Nos apacigua la rebeldía y nos aleja del miedo porque no hay nada peor que ignorar el conocimiento de otros.

En muchos momentos no fui bien tratado. Algunos me llevaron a la hoguera y otros arriesgaron su vida por mí. Pero he sobrevivido al paso del tiempo y soy adulado en ferias importantes. Por grande o pequeño que sea solo pido poder estar allí donde haya alguien dispuesto a cuidarme y a ser leal a mis letras.

Con tu lápiz afilado y tu mente clara siempre me has rendido homenaje y el día que tu nombre aparecía en mi cubierta y tu historia en mi contraportada supe que mi misión contigo estaba cumplida. Ese día el que lloraba era yo al ver que el sueño soñado de aquella pequeña niña escritora se había hecho realidad.

Sabemos que nunca nos dejaremos el uno al otro. Siempre sea de la forma que sea seguiremos buscándonos en cualquier lugar y en cualquier tiempo. Quizás cambiemos nuestro idioma o sean distintas nuestras temáticas pero juntos haremos que las letras lleguen a todos los rincones de esos corazoncitos que necesitan aprender a palpitar al sostenernos en sus manos.

Si tengo que pedirlo…no lo quiero…

En estos días santos de pararse delante de la cruz y de uno mismo, mi mente revolotea y sabe que todo aquello que tengo que pedir ya no lo quiero. Ya no soy capaz de pedir aquello que mi corazón sabe que la otra persona no quiere o no puede dar.

Los besos no se piden ni los abrazos se roban. No se mendiga amor ni se exige empatía. Tampoco se espera comprensión ni que nadie se calce mis zapatos. Desaparece el miedo a enfrentarte al otro cuando sabes que no vas a pedir nada.

En estos días de silencio desaparece la posibilidad de perder cuando sabes que ya nunca podrás perder más de lo que ya perdiste. Haber estado en el lodo te enseña a flotar en él y saber salir a tiempo.

Las alegrías se viven por dos y los pequeños momentos cuentan doble. El café de maquina sabe mejor, los rayos de sol calientan más y llorar acompañado duele menos. Los días de fiesta se ansían más y volver cuesta mucho más.

Estos son días de empezar a vaciar la mochila y dejar de cargar peso. Pero cuidado con lo de soltar lastre y no lo confundamos con hundir al otro ni responsabilizarle a él de lo que es nuestro. Primero amueblemos nuestra cabeza y coloquemos bien nuestros hilos.

Nunca dije que necesitara a nadie pero tampoco que podía sola con todo. A veces solo necesitamos apoyar nuestra cabeza en un hombro amoroso dispuesto a sostenernos por un ratito o para toda una vida.

En estos días de Domingo de Resurrección es momento de sellar las heridas del pasado, jugar las nuevas cartas y dejar de pedir porque lo que se pide no fluye y lo que no fluye no nos pertenece. Y se acabó el tiempo de aceptar lo que no se quiere y olvidar lo que no se necesita. No más zapatos que no encajan ni chaquetas que no son las nuestras. No más tener que pedir porque lo que se pide ya no se quiere.

Time to say Goodbye

La vida está llena de pequeñas despedidas no sólo de grandes adioses. Cada noche nos despedimos del día vivido y besamos a nuestros amores deseándoles un buen descanso. Aún en los días que el descanso se prevé corto antes de cerrar los ojos hay que archivar lo acontecido para amanecer al día siguiente con energías renovadas.

Tenemos tareas pendientes, flecos sin cerrar y cajones por ordenar pero de algún modo hay que concluir los días dando por bueno lo realizado. No siempre se puede dar el cien por cien y hay que aceptarse tal como somos y estamos. Hay días que no podemos más y dado que las circunstancias que vivimos no van a cambiar solo nos queda replantearnos el cómo las afrontamos.

Las cosas son como son, las personas que nos rodean son las que son y aún no pudiendo elegir sí escogemos el cómo queremos vivir lo que vivimos. Para mí no es fácil aceptar que a veces hacer las cosas bien no es suficiente. Por mucho que queramos cuando hay tormenta lo único que podemos hacer es dejar que pase.

Como decía al principio la vida está llena de pequeñas despedidas. Cuando sostuve a mi Pequeña Campanilla II por primera vez supe que con ella se cerraba mi maternidad pero que también era el final de un duro ciclo. Me costó mucho traerla de vuelta y que sobreviviera a todas las sacudidas que la vida nos daba. Cuando leí aquel informe lleno de etapas y estadios supe que te marcharías y lo tuyo fue una gran despedida. La más dolorosa pero la que más enseñó.

Pero la vida también está llena de bonitas bienvenidas. En los últimos años fueron llegando nuevas amistades de esas que se convierten en familia. Otras se afianzaron y unas pocas quedaron ahí en un bonito recuerdo. Compañeros que se convirtieron en amigos y desconocidos que dejaron de serlo. Hay escenarios que cambiaron, nuevas rutinas y planes para una vida entera.

Dentro de la oscuridad de algunos días la vida nos regala un poquito de luz y solo tenemos que buscar la fuerza en eso que nos la da. Años de terapia hacen que salga a flote cuando siento que la tierra tiembla bajo mis pies. Y luego están esas personas vitamina que nos sostienen los días que se nos hacen cuesta arriba.

No sé qué hice para tener la suerte de estar rodeada de tanta gente buena que me quiere bien y bonito. De tener dos pequeñas campanillas que me vuelven loca y me dan la misma cantidad de amor y de qué tú te hayas parado en mi estantería pudiendo escoger otras opciones. Sabes que no valgo el precio de tu mayor sueño pero también que nos encontramos en el momento que no nos buscábamos y tampoco nos necesitábamos. Y a eso yo lo llamo destino. ¿Seguimos jugando?