#8M

M de mujer. De esas que nacen para elegir el color de su ropa y el juguete que quieren. El rosa no nos representa a todas y nos gusta jugar al fútbol y a cuanto nuestra imaginación nos alcance.

M de mujer. De esas que son libres para llevar falda o pantalones. Que eligen estudiar lo que les gusta y no esconden sus pechos.Todas no queremos ser maestras y algunas soñamos con programar ordenadores.

M de mujer. De esas que salen por la noche sin miedo a la oscuridad y libres para volver a cualquier hora. Queremos salir a correr a cualquier hora y sentirnos seguras en nuestras ciudades.

M de mujer. De esas que deciden ser madres pero sin renunciar a su carrera y que son felices cuidando del futuro de nuestra sociedad. Pero necesitamos verdaderas políticas de conciliación y no palabras huecas. Nuestros hijos no se cuidan solos.

M de mujer. De esas que son iguales y se sienten iguales. Cansadas de ser ultrajadas y despreciadas dependiendo del país en el que has nacido. Olvidadas e invisibles a un mundo que dice ser civilizado pero que callando consiente.

M de mujer. De esas que son respetadas y que aprendieron a decir “no”. Abandonadas en manos de maltratadores que primero nos matan por dentro y si no consiguen hacerlo por fuera trafican con nuestro dolor usando a nuestros hijos.

M de mujer. De todas esas que lucharon para que hoy nosotras tengamos todo lo que tenemos. Mujeres que fueron ocultadas a la sociedad y que la historia ignoró. Científicas, filósofas, investigadoras, médicas y tantas y tantas otras que hoy han sido reconocidas por sus grandes aportaciones.

M de mujer. De todas las mujeres de mi vida. De las que ya se marcharon y a las que honraré por el resto de mis días. Amigas, compañeras, hermanas a las que respeto y admiro. De esas con las que reír y llorar. Algunas rotas pero todas recompuestas. Nadie conoce la fuerza de una mujer que decide seguir adelante cada día. Algunas madres, hijas, tías, nietas… y la gran M de mi vida, mi madre que me enseñó a no rendirme. Y dos pequeñas M a las que mostrar que nuestro mundo necesita mujeres como ellas fuertes, listas y valientes.

M de todas las mujeres que forman el #8M…

Llegó el día

Vivimos de puntillas sin hacer ruido. Queremos ser brisa cuando solo se aprende siendo huracán. Cerramos los ojos al futuro porque nos asusta nuestro presente y lamentamos un pasado que no queremos cambiar.

Vivimos sin mirarnos por dentro y preocupados en cambiar por fuera. Corremos hacia delante pero mirando hacia atrás por si alguien nos sigue olvidando que quienes son importantes son los que nos esperaron en la meta porque ellos siempre confiaron en nosotros.

Vivimos con miedo a decir “te quiero” y preferimos la superficialidad a la profundidad. Nos asusta el compromiso y construimos unos cimientos que la leve brisa los destruirá pero estamos tan asustados que preferimos vivir en el dolor que apostar por el amor.

Parece que vivimos pero en realidad sobrevivimos y vemos pasar los días uno tras otro. Nada nos conmueve, nada nos ata, nada nos atrapa y no lo hace porque salimos corriendo cuando la cosa se pone seria.

Y llega un día…

En el que entiendes que nunca anduviste de puntillas porque eras huracán y a veces arrasaste y otras te dejaste arrasar pero miras a tu pasado para aprender de él, a tu presente porque es lo que te ancla y a un futuro que anhelas más que nunca.

En el que aprendes a mirarte por dentro, a conocerte, a poner límites a tu “niñita interior” y a aceptar tu cuerpo con todas sus cicatrices y estrías. Y te cuidas y haces deporte porque necesitas toda la energía del mundo para seguir el ritmo que la vida te marca. Y miras a esa meta y sabes que ahora sí están todas las personas que necesitas en tu vida.

En el que sabes que nunca te asustó decir “te quiero” y la vida te enseñó que mejor hoy que mañana. Nunca le temiste al compromiso y a los cimientos fuertes. La vida te reformó en muchas cosas pero en eso del corazón tiene la batalla perdida. Quizás fracases pero ya sabes que el peor fracaso es lo que no se intenta. Y ahí vas tú con todo pero no con todos, no a cualquier precio, no porque sí y con tus pies en el suelo pero tú corazón en el cielo.

En el que no sobrevives, simplemente vives. Sentías que la vida guardaba un as en la manga y confiaste en que si hubo una vez que te dio buenas cartas habría una nueva oportunidad y no te equivocabas. Y no sabes muy bien cómo pero sí por quien ese corazón que estaba dolorido empezó de nuevo a latir. Nunca dejó de hacerlo. Quererte a ti fue tu mejor decisión. Apostar por ti fue la apuesta más segura. Y ahora escuchar de nuevo los latidos de dos corazones al unísono es una tesoro que quieres cuidar y guardar.

Sal a la calle, enfréntate a la vida y enfrenta a quien te regale su tiempo, a quien te coja de la mano y a quien se quede cuando el resto se marche. Échale valor y atrévete a vivir y a querer porque llegará el día que no te quedará nada por apostar ni nadie por quien hacerlo.

Llegó ese día…

Tiempos de paz

En este mundo que se destruye bajo nuestros pies y con un cielo que se cubre de nubes negras vamos a tener que esforzarnos un poco más por disfrutar de los pequeños momentos. De esos que calientan el alma y templan los sentidos.

Ahora que marchamos a la guerra vamos a tener que revolucionar al mundo con nuestras ganas de vivir y empuñar el convencimiento de que todo pasa y esto lo hará rápidamente.

En estos días que dejamos una vez más de ser dueños de nuestro destino vamos a tener que mirarnos al espejo y confiar más que nunca que lo vida nos pone en el lugar justo y solo permite aquello que podemos superar.

Hoy que nos falta el aire vamos a abrazar fuerte a los que tenemos a nuestro lado y a coger sus manos entre las nuestras agradeciendo la suerte de estar juntos y de caminar hacia un futuro.

Seamos osados y declarémosle la guerra a los malos pensamientos y a las personas que roban nuestra paz. No dejemos que centren nuestra atención y usemos ese tiempo para construir dejando sus ganas de destruir con ellos mismos.

La vida nos aprieta pero no nos ahoga. Nos hace caer y nos pone a prueba pero la actitud con la que afrontamos esas pruebas hace que superarlas sea más fácil. Nada ni nadie puede hacer que se apague nuestro brillo. Y si es así siempre habrá alguien a nuestro lado que encenderá la luz para sacarnos de la oscuridad. A veces lo invisible es lo más visible al ojo humano.

Este mundo que nos ha colapsado la vida estos últimos años con una pandemia ahora nos despierta a golpe de bombas y tanques. El ambiente está enrarecido y muchos han tirado la toalla pero es ahora cuando nuestro mundo necesita de muchas personas en cualquier lugar del planeta haciendo gestos por otros y vibrando porque se restablezca la armonía. Lo fácil es entrar en la espiral del desánimo y la muerte.

Este mundo te necesita a ti, a mí y a todos los que amen amar y ser amados para que cese este ataque al derecho a la vida y a la libertad. Es la hora de confiar en el poder del pensamiento y creer que es nuestra verdadera fuerza ahora y siempre.

Y cómo te explico…

Y cómo te explico que salgas corriendo al oír la sirena que nos avisa que el cielo explota sin que nadie lo entienda.

Y cómo te explico que nos vamos de viaje en medio del trimestre y que no da tiempo a despedirse de nadie.

Y cómo te explico que te escondas y no salgas aunque el juego haya acabado porque ahí estás a salvo.

Y cómo te explico que no te sueltes de mi mano cuando camines delante de hombres armados.

Y cómo te explico que sé que tienes hambre, frío y estás cansado pero que esta noche estamos juntos y dormiremos abrazados.

Y cómo te explico que es ésto que vivimos y que nos mantiene encerrados, alejados de nuestros amigos y destrozados.

Y cómo te explico por qué la tierra tiembla, por qué lo perdimos todo y por qué no volveremos.

Y cómo te explico que cuando duermes lloro, que estamos en manos de un loco y que rechaces el odio.

Y cómo te explico que estamos en guerra y que tengo miedo…

Reina de corazones

Este día nos recuerda lo importante que es el amor en nuestras vidas. Muchos creen que el amor nos hace más débiles pero la realidad es que no hay un poder más fuerte que el amor.

Este día no va solo de ese tipo de amor de flores y bombones. Va más bien de tratarse bien a uno mismo para saber respetar al que tiene al lado. Y va de hacerlo cada día de nuestra vida.

Este día nos recuerda que cualquier acción que emprendamos o decisión que tomemos tiene que estar fundamentada no solo en la razón si no también en el corazón. No somos máquinas que no sentimos y vivir es aceptar el reto de perder pero sobre todo de arriesgar.

Este día nos viene a refrescar la memoria, esa que perdimos el día que nos rompieron el corazón, y nos recuerda que la vida tiene segundas oportunidades y que siempre hay nuevos caminos, más opciones y otras ilusiones.

Este día es ese día para pensar en todas las personas de nuestra vida que merecen un corazón de chocolate y las que necesitan un abrazo que les abrigue el alma.

Este día es un día perfecto para tachar de nuestra lista aquellas cosas que no queremos aún sin saber las que queremos. Para tener presente el presente y para mirar hacia el futuro agradeciendo a ese pasado que tanto nos enseñó.

Este día es ese día para ser la reina de corazones de otros corazones y saber que hay corazones de los que nunca saldrás y otros a los que nunca volverás.

Este es ese día para agradecer la suerte de tener a alguien que camina a nuestro lado, o para abrazar a nuestro perro, o enviarle un audio a alguien diciéndole como declaración de amor todo lo que le echas de menos, para comprar flores y bombones, para regalar besos, compartir risas, alimentar los pequeños detalles y dejarse llevar en sueños por los sueños.

Y mañana sigue siendo este día…y pasado… y al otro…y cada día de todos los días que nos faltan por vivir.

¡Feliz cumpleaños Pequeña Campanilla II!

Y mañana es tu día, ese en el que sacas de esa manita tres deditos y nos enseñas lo mayor que te has hecho. Y mientras tus ojos se llenan de luz y alegría los míos resplandecen porque tú te reflejas en ellos.

Viniste cuando mis cartas estaban boca abajo y el destino parecía oscuro pero fue el mejor de mis regalos saber el día de mi cumpleaños que habitabas en mí. Aquella rayita rosa apareció con tanta fuerza que me hizo reconectar con todo mi ser y recuperar el coraje de seguir adelante pasase lo que pasase o pesase a quien pesase.

Sé que dejas de ser un bebé y te conviertes en una niña pero sabes que siempre lo serás para mí. Contigo mi maternidad se ha reinventado y he desaprendido todo lo aprendido. Fuiste mi mayor acto de fe cuando no me quedaban esperanzas y completaste los dos milagros de mi vida.

Y ahora me cautivas cuando con tu lengua de trapo me cuentas tu día en el cole y me coges la manita para dormir y me dices eso de “yo con mi mamá”. Mi nombre ha sido el último que has aprendido pero sé que sientes mi presencia a pesar de mi ausencia.

Aún no lo sabes pero cuando jugamos a que tú eres mi peluquera no solo me peinas mi melena si no también mi alma. Eres la única que consigue que mi energía no se agote hasta la noche y que las madrugadas en vela no me pesen. Cada mañana me despiertas con un “me quiero levantar” antes de que suene el despertador.

Representas la felicidad y el amor más puro que nunca he conocido. Eres fuerte, mucho, y sé que lo necesitas para superar todas las pruebas que la vida te presente. Independiente, con carácter y algo desconfiada puedes seguir escondiendo esos mofletes rojos detrás de mi falda cuando te canses del mundo.

Juntas o no. Aquí o allí. Hoy o mañana. Delante de aquel test de embarazo prometí quererte por encima de mis posibilidades, cuidarte hasta el fin de mis días y hacer de ti una buena persona. Con tres, veintitrés o cincuenta y tres siempre voy a pedirle al destino un día más, una hora más y un minuto más para compartirlo contigo.

¡Felices tres años mi niña de la eterna sonrisa!

6 de febrero de 2022

¡Feliz cumpleaños Pequeña Campanilla I!

No puedo creer que hayan pasado nueve años desde que me acosté aquella noche sin saber que sería la última que te tendría dentro de mí. De repente y sin esperarlo le diste un vuelco a mi vida y asomaste esa carita. Cuando nuestras miradas se cruzaron por unos pocos segundos entendí lo que era ser madre.

Contigo nació en mí ese instinto de protección y la necesidad de abrazarte fuerte antes de cada noche y de cada despedida. Sé que sabes que junto a tu hermana sois el gran amor de mi vida y aunque los años blanqueen mi pelo y mi mente olvide vuestros nombres jamás podrá borrar el amor que nos une.

Has sido una gran maestra para mí durante estos nueve años pero estos dos últimos de pandemia has resuelto mejor que nadie las ecuaciones que nos ha puesto delante la vida. He secado tus lágrimas, pacificado tu alma y al final he dejado que la vida te enseñe la mejor de las lecciones.

No hay ni un solo día que dude de la verdad de tus ojos y aunque me vuelves loca con tus historias cuando escucho el silencio echo de menos tu voz. Nadie como tú sabe coger mis manos y calentarlas entre las suyas y sé que en ese gesto me dices que respire y vuelva a la calma tras el ajetreo diario.

Veo la niña que eres e intuyo la mujer en que te convertirás y sé que solo podré acompañarte despacito y dejar que vueles. Me preguntas muchas veces por qué elegí el personaje de Campanilla para hablar de vosotras y siempre te cuento que es porque tenemos la necesidad de equivocarnos y la obligación de aprender de nuestros errores. La vida se encargará de darnos segundas oportunidades y de rodearnos de personas que nos ayuden a crecer.

Ojalá pudiera estirar tu inocencia y la bondad de ese corazón que a veces anda maltrecho. Sé que tengo algunas deudas contigo pero también sé que formas parte del círculo de mi vida y del de todas las mujeres que nos precedieron. Mi mayor compromiso es curarme a mí misma para que vosotras mis pequeñas campanillas sanéis.

Hace nueve años en aquella sala de partos sabía que nada podía salir mal. Fuiste la niña más buscada del mundo y sé que desafié al destino pero ante el cielo asumiré mis faltas y las tuyas.

No cambies nunca mi Pequeña Campanilla I… y el resto del mundo…es solo eso…mundo…

¡Te quiero!

Mamá

30 de enero de 2022

Quiero/No quiero

No quiero andar corriendo quiero caminar sintiendo el sol y que la sangre circula por todo mi cuerpo.

No quiero hablar del frío que hace y de los días que faltan aún para que llegue el verano. Quiero aprovechar cada hora de luz para cumplir todos mis sueños.

No quiero siestas de diez minutos quiero dormir pegada a ti durante horas y despertarme con tus ojos mirando los míos.

No quiero huir hacia adelante ni caminar hacia atrás pero no voy a quedarme quieta esperándote porque mis ganas pesan más que mis miedos.

No quiero más despedidas a medianoche ni más planes aplazados. No quiero abrazar con los ojos ni mantener más la distancia. Me agota la incertidumbre y este positivismo que nos invade.

No quiero dejar de ser “yo” para encajar en tu “tú”. No quiero renunciar ni quiero estar detrás. Quiero una llamada que no espero y regalarte mis besos sin que me los pidas.

No quiero ser un alguien más y el próximo guión de una lista. Quiero ser un folio en blanco y el primer capítulo de un libro.

No quiero llevarme el premio pero sí ser la recompensa. Quiero ser destino, camino y final. Ser la oportunidad y una pequeña luz en medio de la oscuridad.

Quiero que todos los pétalos de la margarita sean un sí. Quiero que llueva mientras estoy a cubierto. Quiero que salgas a mi encuentro. Quiero que mi sistema nervioso responda con calma y sosiego. Quiero reírle a la vida y bailarle a los problemas. Quiero creer que puedo y poder creer que es lo que quiero.

Sé que no querer es más fácil que querer porque cuando uno no quiere ni cree ni siente pero prefiero arriesgarme a querer y creer que a vivir sin sentir.

Lo que la vida te quita y te da…

En días de silencio y de silenciarse es necesario echar la vista atrás y analizar todo aquello que ya no tenemos, aquello que la vida nos retiró y ya no forma parte de nuestro yo ni de nuestro camino. Pero también es justo mirar todo lo que nos regaló, los milagros que obró en nuestra existencia y las personas con las que nos bendice aquí y ahora.

Nos anclamos como los barcos en los dolores, las frustraciones y las tristezas como si no supiéramos que son igual de pasajeras que las alegrías y los buenos momentos. Es cierto que hay heridas que tardan más en cicatrizar pero aún así podemos encontrar un bálsamo y un antiséptico que nos calme el dolor. Siempre hay un pequeño milagro aguardando en la esquina de nuestro camino pero la impaciencia no nos hace verlo.

Hay personas que se marchan de nuestras vidas porque la muerte viene a por ellas justo en el momento que ya nos habían enseñado lo que necesitábamos o porque con ellas no es posible que aprendamos lo que nos hace falta. Y aún cuando su marcha parte nuestra alma con el tiempo descubres que algún pequeño milagro sucedía también pero no eras capaz de verlo o sentirlo.

De repente tu vida no es para nada cómo la habías imaginado ni soñado. Y tienes que dejar de lado tu zona de confort y todas tus expectativas cambian. Estar sentada al sol en pleno invierno con tu bebé en brazos es todo lo que necesitas. Compartir tu hora de comer con un equipo humano que te hace reír y seca tus lágrimas es más de lo que habías imaginado en tu lugar de trabajo. Que alguien te regale unos calcetines justo con ese mensaje que necesitas para continuar, que salte tu buzón de voz para no atender esa llamada que te robará paz, que encima de tu mesa haya un dibujo en forma de corazón, que dos pequeñas campanillas revoloteen todo el día a tu alrededor y que alguien sonría porque sí al pensar en ti son esos pequeños milagros que tenemos en nuestras vidas y nos pasan desapercibidos.

Somos severos con la vida y nuestro destino. Señales y más señales nos advierten que las oportunidades se van acabando, que nuestro tiempo se va agotando, que las despedidas se van acercando, que hay temas que han de concluirse, que los días se van acortando y que es el momento de empezar a cambiar nuestra visión de las cosas. Es cierto que vivimos en un mundo hostil y nos acompañan unas circunstancias difíciles pero debajo de toda esta capa de miedo e incertidumbre en este mundo cada día se producen pequeños milagros de los que nadie habla. Quizás decir que eres feliz en esta época es una osadía pero más lo es no intentar serlo.

La vida a todos nos quita pero también nos da. Nos puede parecer que pagamos un precio alto por lo que nos da pero quien sabe si somos merecedores de algo más…tal vez no hoy…no ahora… pero quien sabe mañana…o el año que viene…

¡Hola, humanidad!

Vivimos en un mundo hostil y en un momento pandémico que nos hace los días difíciles. Se nos empieza a hacer bola todo y lejos de acercarnos cada día estamos más separados, más independientes y más distantes. Pese a estar pasando por una experiencia que nos cambiará la vida no sabemos caminar juntos en la misma dirección.

Miramos con recelo lo que hace el que tenemos a la derecha y opinamos sin respeto de lo que no hace el de la izquierda. Hemos creado bandos y estamos jugando una partida donde no somos capaces de respetar las normas y solo queremos ganar.

Dos años después de la primera vez que escuchamos hablar de este virus y aún seguimos siendo algo ingenuos y desafiantes. Veíamos a los países asiáticos cortar sus barbas y no pusimos las nuestras a remojar. Y aquí seguimos entrando a la unidad de cuidados intensivos sin enfermedades previas y sin vacunas. No creo que las vacunas puedan quitarnos más de lo que nos ha quitado este maldito virus.

Porque no solo hablamos de los daños físicos, lo hacemos también de los psicológicos y mentales. En adultos las tasas de suicidio han aumentado exponencialmente durante esta pandemia pero que hay de los niños. Poco se habla de los grandes damnificados y los más perjudicados. Y nadie alaba lo suficiente la obediencia con la cumplen todas las normas y el respeto que le tienen a la vida siendo tan pequeños. Y junto a ellos los adultos peleando por los protocolos y debatiendo la necesidad de llevar la mascarilla.

Creo fervientemente en la necesidad de recuperar la humanidad entre nosotros y dejar de ser huraños los unos con los otros. Todos y cada uno de nosotros quiere volver a la normalidad pero no está en nuestras manos. ¿Por qué perder la oportunidad cada día de ser agradables los unos con los otros? ¿Por qué no procurar el bien ajeno e intentar hacer felices los unos a los otros? Pequeños gestos hacen que días oscuros sean brillantes.

No me educaron para hablar por hablar pero sí para hacerlo desde la honestidad y sin esperar nada a cambio por parte del otro. Me enseñaron a sonreír y a compadecerme de quien no aprendió a hacerlo. Y a seguir, no detenerme en el ruido dejando de escuchar buenas melodías. Y puede que haya días que me deje arrastrar por esta pandemia que no da tregua pero me prometo a mí misma intentar conseguir que quienes comparten mi vida tengan motivos para vivir, reír y ser felices aunque sea por un instante cada día.