Pequeña Campanilla II

Creo que escribo poco sobre ella tal vez porque rebosa tanta energía que me deja sin palabras. Cada paso que da no pasa desapercibido y todo lo hace a lo grande dejando huella allá por donde pasa. Pero no una que borra el viento si no una que te cala bien dentro.

En apenas unas horas empieza su etapa escolar y no puedo creer que el tiempo haya pasado tan rápido. Pese a la pandemia, al confinamiento y a todas las restricciones me cuesta aceptar que vueles ya a ratos tan sola. Sabes que hagas lo que hagas, sabes que pese a todas tus rabietas y a la intensidad de tu carácter me tienes a tus pies. Intuyes que hay límites y que mamá no cede pero que se sienta contigo en el suelo a jugar y a mirarte a esos ojitos que quieren entender el mundo.

Preparando tu uniforme mis lágrimas brotaron y dejé que lo hicieran porque en ellas iban contenidas muchas emociones y muchos sentimientos. Algún día hablaremos de ellos y entenderás por qué. En esa mochila de tu cole llevas unos cuantos abrazos por si los necesitas de esos que tanto te gusta dar a ti y un montoncito de besos porque aunque no pueda llevarte de la mano hasta la puerta te dejo en las manos que más te quieren y que sé que intentará esconder sus lagrimitas, tu hermana mayor.

Este es solo el principio de muchas aventuras que vivirás e intento imaginar cómo serás en el futuro pero me conformo con disfrutarte en el presente. Si tú supieras todo lo que has venido a sumar jamás dejarás que nadie te reste. En dos años y medio has revolucionado todo mi mundo, y yo que no me creía preparada para una luz como la que tú desprendes sé que eres lo que le faltaba a mi vida y a mi puzzle. Nosotras somos tres piezas que ahora sí encajan a la perfección.

Mi Pequeña Campanilla II un nuevo camino que empiezas, un nuevo objetivo, un nuevo impulso que te llevará a aprender muchas cosas. Sé que estarás bien y serás feliz. Pero cualquier madre que lea este post entenderá que hay muchos sentimientos encontrados dentro de la maternidad éste es uno por el que todas pasamos. Sabemos de la necesidad y los beneficios de la primera escuela para nuestros hijos pero los primeros días son duros para una madre.

Mi Pequeña Campanilla II vuela alto y llévame contigo que juntas recorremos el camino, subiremos hasta el cielo, cogeremos nuestras estrellas, nos dejaremos mecer por las nubes y nos despertaremos con una gran sonrisa como cada día.

Pasado – Presente – Futuro

El pasado fue. El presente es. El futuro será. Personas que ya no son. Experiencias que están. Aprendizajes que vendrán. Amores que se fueron. Compañías que permanecen. Cariños que se gestarán. Y entre todo eso yo no soy quien fui, soy quien soy ahora y seré lo que tenga que ser.

Tantas personas a las que no escuché. Tantos caminos que recorro. Tantos deseos que se cumplirán. Tantos sueños que abandoné. Tantos te quiero que repito ahora. Tantos libros por escribir.

Tanta rebeldía que guardé. Tantos límites que he aprendido a poner hoy. Tantos tropiezos que aún me quedan por dar. Tantos adioses que no pude pronunciar. Tantas bienvenidas que acojo con una sonrisa. Tantas noches que aún me quedan sin dormir.

Tantos bosques en los que me perdí. Tantos campos que abono y cosecho. Tantos frutos que espero recoger. Tantas lágrimas que guardé. Tantas gritos que no doy. Tantos abrazos por dar y regalar.

Tantos errores que cometí. Tantos errores que cometo. Tantos que haré. No era perfecta. No lo soy ni lo seré. Quería una vida perfecta. Ya no la quiero. No la perseguiré. Tantas burbujas que soplé. Tantos cimientos que construyo. Tantas carreteras que aún me esperan.

Tan sola estando acompañada. Tan rodeada estando sola. Tan feliz estando con unos cuantos que fueron, son y serán. Tan loca creyéndome cuerda. Tan cuerda estando loca. Tan cuerda siendo consciente de mi locura que nunca acabará.

Tan queriendo huir. Tan queriendo permanecer. Tan queriendo viajar para volver. Tan mirando siempre al futuro porque el pasado dolía. Tan viviendo el presente. Tan mirando a un pasado sanado y a un futuro que escala peldaños.

Tan corriendo hacia ningún lado. Tan caminando ahora cientos de kilómetros. Tan alcanzando mi meta. Tan viviendo hacia fuera. Tan viviendo hacia dentro. Tan viviendo en el punto medio.

Tan mirándome en un espejo sin verme. Tan aceptándome como soy. Tan queriendo mejorar cada día. Tan siendo la actriz secundaria de mi vida. Tan siendo la protagonista ahora. Tan bailando de nuevo con alguien que comparta mi escena.

Tantas madejas en el alma. Tantos enredos que no dejo. Tantos ovillos que aún tengo que ordenar. Tantos cafés que no tomé. Tantos que tomo ahora. Tantos que quiero tomar. Tantos sitios a los que no llegué. Tantos lugares que descubro y tantas maletas aún por hacer.

La Silvia de ayer. La Silvia de hoy. La Silvia de mañana. La que escribió. La que escribe. La que lo seguirá haciendo porque escribir es algo más que un hobby, es una parte de su terapia, su propia verdad, su desnudez, su sueño, su aprendizaje, su necesidad, su medicina, su equilibrio, su calma en medio de la tempestad, su viento fresco en el verano y su calor en el invierno. La de ayer no soportaría un cambio de rumbo, la de hoy ve oportunidades y la de mañana, la de mañana se plantea solo fluir y dejar que el universo actúe.

El final del verano…

El calendario me recuerda que el final del verano aún no está cerca pero sí el de las vacaciones. Los días son más cortos y el sol desaparece antes para que vayámonos haciéndonos a la idea que la rutina empieza a llamar a la puerta.

Una parte de mí desea la vuelta al día a día y otra quiere exprimir hasta el último atardecer. Agosto es un mes que nos regala tormentas de verano, cielos rosados y treinta y un días para comer helados y andar en bañador. En mi infancia de veranos de pueblo el fresco empezaba a notarse por las noches y llorábamos al despedir a los amigos que partían a su lugar de destino.

Todos los veranos son distintos pero éste el más diferente que viví de toda mi vida. Pude coger todo mi tiempo y todos mis días, distribuirlos, compartirlos y vivirlos conscientemente, intensamente y felizmente. Y claro que hubo de todo eso menos bueno y menos fácil, también cansancio y algunas lágrimas. Pero programé mi mente antes de empezar el verano y me prometí dejar registrados todos los motivos de mis risas y no de mis llantos.

Recuperé algunas cosas que me gustaba hacer y las adapté a mi nueva realidad. Caminé y caminé muchos kilómetros cada día para tonificar no solo mi cuerpo si no para dejar equilibrado todo mi ser. Y probé cosas nuevas, sensaciones nuevas y gente nueva. Eso me hizo salir de mi zona amada de confort y abrió la llave para conocer una parte de mí que andaba perdida o tal vez dormida. Visité nuevos lugares, subí a montañas rusas y con mis Pequeñas Campanillas de la mano cree un red de recuerdos de este verano.

Y sí, ha sido el verano de vivir hacia fuera y hacia dentro. Cada kilómetro y cada tramo del camino guardan todo eso que viví, que reí y que lloré este verano porque la vida con sol o sin ella nos pone a prueba, nos enseña y nos recompensa. Y sí, ha sido el verano de reunirme con personas importantes en mi vida y lo son porque de ellas aprendo, porque puedo ser yo sin maquillaje, porque confío en que me dirán que estoy equivocada y que me abrazarán, con las que puedo reír hasta dolerme la barriga y que ven en mí lo que yo no soy capaz.

Y no concibo un verano mejor pero sí sueño con un otoño igual. Quizás el calor nos abandone en unas semanas pero quiero guardar esa sensación de vivir en verano para el resto del año. La rutina no me asusta, tal vez porque ser madre te hace vivir al día y porque mi rutina es ejercer la profesión que elegí y que me llena completamente.

En estos días finales empecé con mi nueva lista de propósitos hasta final de año. Y no se trata de abarcar lo que no puedo pero sí de jugar con mi tiempo a mi favor como nunca antes. Hay cosas que ya no puedo postergar más ni quiero hacerlo porque todo llega a su tiempo, a su modo y en su lugar. Como el verano que se marchará a su tiempo y dejará que venga el otoño. Le abrazaré con fuerza y le susurraré al oído bajito que es tiempo de cosecha y de recoger los frutos.

¡Hasta siempre verano’21!

Historias de verano

Ella con su vestido blanco de flores azules, sus zapatillas de lona y su sonrisa pícara pudo conquistar aquel corazón pero no quiso. Se negó a oír a su corazón y a seguir su intuición porque el precio era demasiado alto. Y justo en el momento en el que se decían adiós ella supo que nunca podría olvidarlo.

Él con sus vaqueros desgastados, sus zapatillas azules y sus ojos verdes estaba dispuesto a dejarse conquistar. Escuchó aquel pálpito y apostó todas y cada una de sus monedas aunque quedara arruinado porque sabía que tras esa despedida la recordaría todos y cada uno de sus días.

A ella le encantaba jugar, escalar montañas y perderse entre árboles porque era la única forma que había encontrado de seguir viviendo pese a todo y todos. Su cara de niña y su frescura hacían que fuera especial y atraía las miradas por allí por donde pasaba. Ellos no podían quitar sus ojos de encima y ellas cuchicheaban a su espalda.

A él le encantaba ganar, zambullirse en aguas heladas y navegar en mares sombríos para curar todas y cada una de sus heridas abiertas. Las canas de su pelo y su carácter uraño hacían que todo el mundo le respetase. Ellos envidiaban su fortuna y ellas a la mujer que le robó su corazón.

Se conocieron en una tarde de junio lluviosa. Ella recién llegada de la ciudad corrió a ver el mar para verter en él todas y cada una de las lágrimas que le oprimían el pecho. Él cansado de navegar solo todo el día amarró su barco en el embarcadero y tocó su herida del pecho para comprobar que estaba cerrada pero que aún dolía.

Cruzaron sus miradas por un instante y enmudecieron. Desde aquel instante y durante todo el verano no hubo un solo día que no acabaran viendo el atardecer en aquella playa de arena y piedras. Si algo les unía eran sus ganas de vivir porque era la única forma de mantener vivos los recuerdos de su historia.

Cenaban de día y comían de noche. Buceaban en busca de corales y perlas. Bailaban descalzos y huían de la gente porque no querían escuchar la respuesta que todo el mundo sabía. Cogieron aquel calendario y lo rompieron en mil pedazos para no mirar el tiempo que les quedaba juntos antes de despertar de aquel sueño.

Y llegó el final del verano. Los turistas se marcharon. El sol dejó paso a las nubes. Aquel adiós que ella no quería y él no deseaba pero que ambos dejaron que sucediera fue el punto y final de aquel verano.

Quedaban muchos veranos aún por venir. Quizás esta fuera una de esas historias con puntos suspensivos o con demasiados interrogantes abiertos pero lo que es cierto es que aquella chica del vestido blanco y aquel chico de vaqueros desgastados vivieron el mejor verano de sus vidas.

¿CONTINUARÁ? Habrá que esperar hasta el próximo verano…

¿Casualidad?

Sé que es más fácil creer que no puedes hacer nada que darte cuenta que tienes en tu mano las llaves que lo abren todo. Te lo dice alguien que se pasó durante muchos años mirando hacia otro lado, el equivocado, y que no fue capaz de cambiar de llavero.

Sé que crees fervientemente que las casualidades existen y necesitas pensar que tu historia depende del azar. Pero llega el día en que despiertas de ese sueño espeso y nublado y es entonces cuando entiendes que las casualidades son producto de decisiones tomadas mucho tiempo atrás cuando aún ni tus células se habían unido para formar tu ser.

Sé que que no compartes mi ideas porque son duras de leer pero en tu mano con casualidades o sin ellas tú eliges qué camino tomar. Izquierdo o derecho ambos te conducen a algún sitio en el que por algún motivo tienes que estar.

Sé que te frustra mucho luchar por algo y no conseguirlo y solo ves el “no” que el universo te envía cuando en realidad solo te dice “espera”. A veces andamos tan ciegos en algo que no vemos las señales y nos tropezamos. Pero no sabemos todo lo que hay detrás de esa negativa de hoy. Tal vez no estamos preparados y la vida nos ofrece un salvavidas para evitar que naufraguemos.

Sé que es muy doloroso aceptar las pérdidas y los adioses. Y que no hay nada ni nadie que pueda quitarte esa pena. Pero la persona que se marcha pasó por tu vida dejándote alguna enseñanza, algo que necesitabas y ella necesitaba de ti. Y tal vez hacer añicos tu corazón era justo lo que te hacía falta para que despertaras y te prepararas para algo o alguien mucho mejor que siempre serás tú mismo.

Sé que hay días que tienes ganas de mandar todo al traste porque tienes el día torcido y que no ves la suerte que tienes por contar cada mañana con alguien que sonríe solo porque tú estás en su vida. Y es que hay amores que van y vienen pero otros se quedan para siempre y sé que ese es el amor que tú quieres pero mientras llega, quédate contigo.

Sé que crees que no puedes, que tienes ganas de tirar la toalla, que las vacaciones a veces pesan más que la rutina, que odias los domingos y que este año no viajaste a ninguna isla caribeña. Sé que haces como si nada, que te pesa el silencio de tu casa, que sales a la calle con tu careta “de todo está bien” cuando estás roto por dentro, que sufres insomnio y que estás muerto de miedo de vivir y ser feliz. Sé todo eso pero ese miedo no hará que cambie el resultado, si tiene que ser será y si no no será. Así que deja de lado tu victimismo y guarda en el armario tu armadura que no te protegen ni de ti mismo.

Sé que si estás leyendo esto es por pura causalidad y ojalá lo sigas haciendo siempre porque eres la más bonita casualidad de este blog y de quien escribe en él.

#stopsuicidios #stopdepresion

Vuelvo a ti

Llevamos algún tiempo separados más por mi rebeldía que por tu indiferencia porque tú nunca me has soltado de tu mano.

He estado muy enfadada contigo y he aceptado mis cargas con la boca pequeña porque por dentro mi volcán seguía encendido y pese a todo has secado cada una de mis lágrimas.

No he querido escucharte y no me llegaba el aire para hablarte pero en cada despertar he podido sentir como acariciabas mis heridas y ponías bálsamo en ellas.

He tropezado muchas veces en la misma piedra y sabes que acabo buscándote en las noches de insomnio porque no hay nada ni nadie que pueda consolar mi corazón agitado.

Sé que eres mi camino, mi dirección correcta, mi agua que cura y mi meta. Me enseñaste a andar pero no a desviarme, a andar recto pero no erguida y a levantarme siempre.

Te pienso más que te escribo. Te siento más que te sueño. Asumo pero no acepto. Huyo pero acabo volviendo. Quiero correr pero solo llego andando. Te suelto y vuelvo a necesitarte.

A veces me olvido quien eres tú y quien soy. El orgullo me puede pero esperas con paciencia a que vuelva una y mil veces. Y no puedo prometerte que no volveré a alejarme porque soy débil cuando la vida se pone cuesta arriba.

Sé que me quieres así de imperfecta, así de pequeña e inexperta. Sé que estamos lejos de estar juntos pero también que tienes tus ojos puestos en mí y que pase lo que pase siempre habrá un lugar en tu cielo que es el de todos.

Obraste el milagro de la vida conmigo y aunque desconozco tus planes para mí sé que tu mensaje tiene que volar entre mis dedos, entreverse en mis palabras e imprimirse en las hojas de mis libros.

Sé que la paciencia no siempre me alcanza y que a veces tapo el sol con un dedo pero también sé que sin ti no soy yo y que hoy vuelvo a ti.

No soy superwoman…y no quiero serlo

Mis Pequeñas Campanillas como buenas hijas aún no lo saben pero tienen una madre que aunque a veces lleve capa y escudo no es invencible ni inmortal. Bromeo diciéndoles que mataré monstruos por ellas pero la realidad es que no puedo quitarles las piedras del camino porque tienen que aprender a tropezar y caerse para volver a levantarse.

Como madre desde hace ocho años he cometido errores y aciertos pero en mi segunda maternidad que además es en solitario sigo leyendo, informándome con pediatras, psicólogos y terapeutas acerca de temas que van más allá de la salud física porque si algo tengo claro es que criar es fácil pero lo que te quita el aire es saber educar. Y no me refiero a educar a dos máquinas que tengan carrera, casa y coche sino a dos personitas con una buena base emocional aunque porten heriditas de la infancia.

He invertido más de la mitad de mis años de maternidad en la perfección. Estaba volcada en ella y vivía para ella pero las experiencias, el tiempo y los aprendizajes me han hecho dejar un poco de lado esa perfección que es imposible, totalmente inalcanzable, desgastante y al final del día frustrante. Todos los momentos no son iguales ni tampoco los hijos por muchos que tengas pero todos quieren lo mismo que les mires, les prestes atención y los abraces.

He ido repasando las cientos de tareas de las que cualquier madre puede encargarse y al final solo unas pocas son las muy imprescindibles cada día, el resto suponen un nivel de exigencia que ninguno de nuestros hijos necesita.

Cuando crezcan mis hijas entenderán que soy como cualquier madre de cualquier punto del planeta que solo hace cada día lo mejor que puede su labor de madre. Hay días que se me escapan los gritos, la paciencia brilla por su ausencia y enchufo el televisor antes de cenar por mi salud mental y al acabar el día me siento tan culpable como cansada. Pero jamás les he ocultado como soy ni quien soy. Puedo mirarles a los ojos y decir que no tengo un buen día o enseñarles mis lágrimas porque la vida a veces se pone cuesta arriba. Pero sé que entienden que sigo aprendiendo, que busco ayuda para comprenderlas mejor y sienten que ellas son la mejor parte de mi vida.

Y como bien dice el título de esta entrada no soy una superwoman pero ya no quiero serlo. Intentarlo durante tantos años solo me ha enseñado que no lo necesito y no quiero serlo. Hace mucho tiempo me adscribí al clubdelasmalasmadres y estoy tranquila por ello. No hago las mejores croquetas pero sí los disfraces para cada función escolar. No entiendo la mayoría de las modas infantiles y no las comparto pero en mi casa hay balones y muñecas a partes iguales y son bienvenidos todos los colores.

Sé que algunas personas que siguen mi blog son madres y hay días que devolverían el carnet de madre pero llega el día que te miras al espejo y asumes quien eres y que no hay una madre mejor que tú para tus retoños. Y así es…

La felicidad no se aplaza

No sé si todos habéis tenido la oportunidad de ver a un niño cuando empieza a dar sus primeros pasos, pero es uno de los momentos más emocionantes de la infancia. Además de darte cuenta que tu bebé empieza a necesitarte un poco menos, es un espectáculo ver como intenta mantener el equilibrio. Puede caerse mil veces pero se levantará otras mil porque sus ganas de explorar el mundo superan sus miedos.

Y así como ese bebé consigue ir perfeccionando su pisada y en poco tiempo sale corriendo así tendríamos que hacer los adultos con nuestras caídas, nuestros miedos y nuestra felicidad. Nos pasamos la vida buscando excusas, pagando a plazos, fraccionando las cuentas y buscando la vida perfecta. Pero es que la vida no es perfecta y todo cuesta mucho, claro que sí y hay cosas imposibles pero hay otras que no lo son. Y hay que intentarlo e ir mil veces y al final una de esas veces resulta que lo conseguimos.

Ese pequeño bebé no se detiene ante sus miedos y no les da espacio pero nosotros sí. Dejamos de probar cosas, de vivir cosas, de ir a sitios y no queremos arriesgar porque hubo una vez o diez que nos hicieron añicos los sueños, las ilusiones y nos apretaron el corazón. Y organizamos nuestra vida dentro de nuestra zona de confort, bien controlada, con nuestro salvavidas puesto y el paracaídas listo. Y gritamos que queremos ser felices y nos victimizamos pero no nos damos cuenta que vivimos dentro de una jaula de cristal que en cualquier momento puede romperse.

Lo mejor que puede pasarnos es que un día nos caiga un poquito de agua en los ojos y nos despierte de esa ilusión óptica y empecemos a darnos cuenta que la felicidad no puede aplazarse que hoy es hoy y lo que pase mañana solo la vida sabe. La felicidad se consigue a cachos, a momentos, en lugares, con algunas personas y para conseguirla hay que arriesgar. Pero vivir es apostar cada día y nadie sabe cuándo será el último día que pueda disfrutar de un amanecer.

Y con esto no quiero decir que tengamos que vivir como si fuéramos a morir mañana como dice la canción de Leiva pero queramos lo que queramos, busquemos lo que busquemos tenemos que intentarlo con todas nuestras fuerzas y aún así nadie nos da garantía de nada. Pero si puedes cerrar los ojos y pensar por un instante en eso que quieres y sentir como tu piel se eriza al ver que lo logras, o como tu corazón se acelera o la sonrisa que se dibuja en tu rostro. Creo que vale la pena intentarlo cada día y no aplazar la felicidad por pequeña que sea porque es la nuestra y de nadie más.

Y no suelo dedicar mis entradas pero hoy sí voy a hacerlo para una persona que llegó así despacito a mi vida y se coló en ella. Para ti, EBG porque sé que no aplazarás tu felicidad y para que nunca olvides que pase lo que pase vales cada minuto de la vida de muchos.

Con los años…

Con los años aprendí que en las noches y en silencio es cuando el corazón se ordena. La música suena bajito y de mis dedos brotan más que palabras.

Con los años me he dado cuenta que no quiero ser una pegatina más en la carpeta de nadie ni puedo caminar entre la duda y la inseguridad.

Con los años tengo claro que todo pasa y que quienes pasan por nuestras vidas nos dejan lecciones inolvidables pero necesarias.

Con los años tengo claro que puedo dar mi tiempo pero no dejo que nadie juegue con mis ilusiones ni mi futuro.

Con los años tengo claro que no soporto las despedidas pero aprendí a despedirme, a levantarme de cualquier mesa y a decir adiós sin que me tiemble la voz.

Con los años aprendí que hago lo que siento y siento lo que hago. Perdí muchas batallas por no hacerlo y ya no cedo ante mi razón.

Con los años aprendí que estar es más que ser y que sí me importan la cantidad y la calidad. Y que los días no me pesan pero las ausencias sí.

Con los años sé que soy más de plato principal que de postre, que mi cuerpo necesita más los vegetales que la carne, que no entiendo de vinos y que a pesar de todo y todos la vida ya no se me atraganta.

Con los años aprendí que los rasguños no dejan marcas solo las heridas profundas. Que la calma lo conquista todo, que el tiempo lo olvida todo, que necesito caminar muchos kilómetros entre árboles y que me rehuso a mirar hacia atrás.

Con los años sé que me tengo a mí misma, que soy mi mejor conquista, que leo poesía, que duermo poco, que hay sitios a los que ya no puedo ir ni personas con las que puedo estar. Que es más valiente quien se queda, quien lo intenta y más noble quien no juega.

Con los años sigo aprendiendo y no hay nada que me guste más que aprender. Que puedo mirar a los ojos de las personas y decirles con dulzura lo que creo aunque no sea lo que esperan.

Con los años no espero que las cosas pasen, no conjugo el verbo aguantar, me gustan los amaneceres, me falta paciencia y hago terapia para ser cada día una versión mejor de mí misma.

Me queda tanto por aprender…

Mi infancia sois vosotros

Mi infancia sois vosotros en un pueblo rodeados de naranjos y olor a azahar.

Mi infancia sois vosotros sentados a la fresca compartiendo tertulias y helados.

Mi infancia sois vosotros rodeados de costumbres y tradiciones que no entendía y ahora me afano en conservar.

Mi infancia sois vosotros de cocina a pleno rendimiento, la visita al mercado de los martes, la playa de los domingos y vuestras manos siempre cogiendo las nuestras.

Mi infancia sois vosotros jugando a las cartas, al parchís y rezando para que las tormentas de verano pasaran rápido.

Mi infancia sois vosotros donde las cosas eran sencillas, al mediodía se descansaba y se veía la telenovela y el tour de Francia.

Mi infancia sois vosotros con vuestra eterna generosidad, vuestro amor desinteresado y mis lágrimas al acabar cada verano.

Mi infancia sois vosotros con vuestro delantal, el frutero lleno, las sábanas limpias y vuestros ojos clavados cuidando de nosotros día y noche.

Mi infancia sois vosotros caminando a nuestro lado, escuchando vuestras historias una y otra vez hasta dudar de sí yo también estaba en aquellas escenas.

Mi infancia sois vosotros con tienda de campaña, monte, comida de picnic, un SEAT 127 y sacos de felicidad. Brindis por la vida, por las cosas sencillas y porque la eternidad nos mantendrá siempre unidos.

Mi infancia siempre será vuestra.