Diez cosas que aprendí de ti

Me enseñaste a soñar a lo grande y a no rendirme nunca aunque la suerte no acompañe.

Me cogiste de la mano y jamás la soltaste porque sabías que me perdería en cualquier instante.

Me animaste a escribir versos para que mi corazón se calme.

No me juzgaste y dejaste que mis cartas jugara aunque en tus ojos veía que la partida no ganaría.

Cepillaste mi pelo, me enseñaste a sumar y confiaste en mí para continuar tu linaje.

Cuando supimos que tu luz se apagaría encendiste la mía y ahora me susurras al oído todo lo que no entendía.

Comprendí todo aquello por lo que pasaste y supe que si aprendía a vivir sin ti ya nada me detendría.

Y así fue, afronté una enfermedad que me acompañará para siempre, hice dos mudanzas, tuve otra hija, escribí dos libros y no hay un solo día que no mire al cielo para buscarte.

Sonrío cuanto te pienso porque sé que tú ríes cuando te siento. Mi suerte fue elegirte como padre y que tú aceptaras con todas mis cargas.

Te fuiste en tu estrella y prometí no seguirte porque sabía que siempre serías mi guía. No recuerdo el primer día que nos vimos pero escucho mis latidos cuando el viento me trae tu recuerdo.

Estos son los versos más bonitos que escribí inspirados por ti. Si las almas son eternas volveremos a encontrarnos en nuestro planeta.

Mis zapatos

A veces nos presionamos a nosotros mismos de una manera muy poco generosa. No nos cuidamos lo suficiente aunque lo hagamos por fuera porque nos bombardeamos con pensamientos negativos todo el tiempo.

Vemos en los demás lo que no somos capaz de reconocer en nosotros mismos. Sus virtudes son más necesarias, sus conocimientos inalcanzables, su físico imposible y su trabajo insuperable. Está bien tener referentes en la vida, personas a las que seguir por su belleza, sus aprendizajes o porque nos divierten pero no cargarnos a nosotros mismos con la presión de ser iguales o mejores.

Cada uno de nosotros tiene para ofrecer al mundo y a quienes nos rodean lo mejor de nosotros mismos, nuestra mejor versión. Con trabajo y esfuerzo, usando las herramientas adecuadas y sabiendo que estrategia usar las metas son alcanzables pero el miedo nos paraliza. Ese miedo que hace que algunos nunca se atrevan, ni se arriesguen y ese mismo miedo a una vez alcanzada la meta sentir el más absoluto vacío y el vértigo de entender desde la cima que estábamos equivocados.

Abusamos de nuestras fuerzas y ponemos al límite nuestro corazón. No sé quién nos convenció que para ser felices tenemos que superar las situaciones, olvidar a las personas, dejar atrás las vivencias y curar las heridas. Pero la vida no se trata de esto, consiste en solo vivir, en continuar adelante, en caminar, en pausar, en respirar y abrirse a otras opciones pero sin presión ni prisa.

Nos sentimos obligados a correr, a quemar etapas, a cambiar de libro cuando aún estamos leyendo las líneas finales del anterior. Vivimos como en una carrera de fondo, saltando obstáculos, buscando nuevos objetivos, planificando viajes y sintiendo que el tiempo se escapa como si fuéramos dueños de él.

Hay situaciones que no he superado, personas a las que no he olvidado, etapas de las que no me he despedido, tiempos que recuerdo y añoro pero cada día me levanto y camino. Porto heridas que no se han cerrado y amores que me pesan pero cada día me levanto y ando. Muchas palabras resuenan en mi cabeza, hay sueños que espero, proyectos aplazados pero cada día me levanto y lucho por ellos. Sé que la paciencia a veces no me alcanza pero me perdono por ello porque soy quien soy y soy amada así de imperfecta.

Quisiera que solo mi fe fuera suficiente para conducir mi vida pero no es así. Así que hago todo lo que mi persona humana es capaz con todos los medios de que dispongo para dejar ir aquello que me daña y entristece. Quisiera tener la sabiduría y la comprensión de quienes saben que todo pasa y que lo que nos toca vivir es lo que necesitamos. Así que trabajo mi alma y me conecto con esas creencias porque el tiempo les dio la razón.

Así que vamos a querernos un poquito más, a respetarnos y a ser conscientes que nada ni nadie nos puede dar la felicidad que necesitamos. Vamos a ser responsables de nuestras palabras y nuestros actos y a calzarnos los zapatos que necesitamos.

Viernes Santo

Es el día de dejar a los pies de la cruz todo aquello que no nos pertenece, que no es nuestro y de lo que no podemos responsabilizarnos. Es el día de dejar de sostener y de dejar ir. De cerrar la puerta sin candado por si hay que volver a abrirla algún día.

Seas creyente o no, creas en quién o en lo que creas este es el día de avanzar y de volver a recomenzar. Es el momento de deshacerse de lo viejo para dejar entrar a lo nuevo. El momento de escuchar como la primavera nos trae una nueva melodía y una nueva oportunidad de bailar.

Aferrarse al pasado cierra las oportunidades del futuro. Nuevos horizontes, nuevas canciones, nuevas diversiones, aventuras y nuevos amores. Este es el día de aceptar y no cuestionar, de dejar pasar y de vivir en la verdad. Dejar morir lo antiguo, lo caduco para que renazca lo nuevo.

Pausar lo que nos daña, completar la otra mitad con otra mitad que tal vez sea entera y no una mitad. Dejar que el cielo nos mande lo que necesitamos, dejar que se haga la voluntad de quien nos dio la vida, dejar que la vida sea vida y no muerte.

Viernes Santo es el día del silencio, la reflexión, el final y el principio. El día de despedirse de los dolores, de dejar que las lágrimas fluyan y con ellas se lleven lo que nuestra alma guardó por un año. Necesitamos este día cada año porque nos prepara para un Domingo de Pascua, un Domingo de Resurrección con nuevos aires, nuevas compañías e ilusiones.

Este día es para enfrentarse a nuestros miedos, a los prejuicios, para ser conscientemente inmaduros e inconscientemente maduros. Es el día para mirar a la cruz, a esa que todos en nuestros días más tristes y desesperados le imploramos piedad y descansar aceptando que no somos los dueños de este mundo y de nuestras vidas, solo nos hicieron un préstamo. Los trenes no pasan solo una vez y cada año sea viernes santo o no hay una cruz ante la que dejar aquello que no nos deja avanzar y construir nuestro camino.

Hoy viernes santo, día de silenciar, de apartar, de proseguir y esperar el domingo de pascua como la gran oportunidad de volver a empezar con una nueva dirección y un nuevo espíritu. Somos los artistas de nuestros cuadros y los músicos de nuestra orquesta así que inundemos nuestros días de belleza y bonitos cantares.

Soneto de despedida

Hubiera gastado hasta mi último centavo contigo aun sabiendo que nada hubiese cambiado. Jamás te habría entregado aunque de dolores y lágrimas me estabas llenando.

Te convertiste en mi pasado y me echaste a un lado cayendo a un precipicio del que nadie se ha salvado. Dejaste de buscarme mientras yo miraba impasible como te habías aislado.

Robaste cuatro vidas y sin temblar olvidaste que el espejo no miente, que nos condenaste al desastre y que al corazón nunca burlaste.

Me soltaste cuando había llegado el momento de amarrarme. Hoy a los pies de la cruz prometo dejarte y que sea el cielo quien de ti se apiade.

Con el amor no bastaba…

Una famosa novela de Máximo Huerta afirmaba que el amor bastaba. Y así tendría que ser si tras esa afirmación hubieran personas con corazones latiendo al unísono en el mismo lugar y al mismo tiempo. Pero las cosas se complican cuando hay arritmia o un corazón que deja de latir.

La escritora estadounidense Emily Dickinson escribió “todo lo que sabemos del amor es que el amor es todo lo que existe”. Una afirmación que merece ser reflexionada profundamente. Si el amor es todo lo que existe, ¿por qué el amor no basta para que las personas caminen juntas? Cualquiera que sea la relación que exista entre las personas; amigos, compañeros, familia, hijos, pareja… ¿Qué nos distancia? ¿Qué nos separa? Porque todo aquello que nos distancia es lo que un día nos unió. Aquello que hoy no soportamos tiempo atrás lo aceptamos. La ilusión que nos hizo coincidir es la que se perdió, puso distancia y levantó muros.

Después de un tiempo de reflexión y de haber madurado cada afirmación sé que el amor no basta aunque sea lo único que existe. Si bien es cierto que puedo afirmar rotundamente que con el amor de mis pequeñas campanillas basta y que puedo ver claramente en ellas que es el amor y donde está.

Después de haber terminado una relación uno puede extraer muchas conclusiones y ser consciente de que lo que hizo no puede cambiarse pero sí no volver a repetirse. Ese contador nunca volverá a ponerse a cero y en el marcador habrá un empate. Nadie gana, todos pierden. Unos aprenden y siguen, otros se detuvieron hace tiempo. Y esta es una de las razones por las cuales el amor no basta.

Pero la vida te va preparando un nuevo contador, un nuevo marcador y un pódium en el que todos seamos vencederos y el amor si baste y sea lo único que exista. Todo a su tiempo, todo en su lugar, todo a su madurez.

Dicen que las personas exitosas son aquellas que tuvieron madres exigentes. Mi forma de entender el éxito no se mide por el número de ceros en una cuenta bancaria, cantidad de inmuebles o medios de automoción, títulos académicos o número de empleados a tu cargo. Quizás antes yo también pensaba así pero entonces vino una pandemia, un confinamiento y unos cuantos meses difíciles y aprendí que el mayor éxito es que con el amor baste sea cual sea ese tipo de amor y venga de donde venga.

Ha de bastarnos el choque de codos, la sonrisa con los ojos, nuestro grupo de convivencia estable y los picnic de cuatro en un jardín con sol. Tiene que ser suficiente los pequeños detalles, las comidas de tupper y los lunes con sol. Hemos de reprogramar nuestra mente y nuestro corazón, dar un paso adelante y saber que lo que tenemos hoy es lo que necesitamos y tiene que bastar.

Y bastar no es aceptar las migajas que nadie tenga para darnos ni dejar de soñar a lo grande. Quizás las pesadillas de unos son los sueños de otros. Las decisiones de algunos mueven a otros y las acciones de muchos pueden cambiar el rumbo de todos. Cada uno de nosotros tiene la llave que encaja en una cerradura. Mi llave voy a usarla para creer en Emily y hacer que el amor sea todo. En cada pensamiento, en cada acto, en cada palabra voy a poner mi mayor intención. Sé que eso me convertirá en una persona exitosa. Sé que es un tipo de éxito difícil de alcanzar pero sé que valdrá la pena cualquier esfuerzo.

Un día el amor bastó, otro día volverá a bastar y lo que quedó atrás, atrás quedará. Todo lo que venga habrá sido construido por mí, con mis nuevas manos y mis zapatos limpios.

Micropoesía

Es tu sonrisa la que recuerdo.

Son tus ojos los que busco.

Es tu olor el que me persigue.

Son tus manos las que añoro.

Es tu música la que bailo.

Son tus cinco sentidos los que no olvido.

Es tu cielo al que miro.

Son tus historias las que cuento.

Es tu perfume el que regalo.

Son tus manos las que tengo.

Son tus palabras las que escucho.

Son mis sentidos los que te encuentran.

Me asomé…

Me asomé al pasado porque me había entregado al olvido. Y lo que vi me hizo recordar que estoy donde tengo que estar por mucho destrozo que la tempestad haya ocasionado.

Me asomé al futuro para saber que mi presente está formado por cada pieza rota del pasado, por cada rasguño, por cada renuncia y por todos los sueños que postergué.

Me asomé a mi presente y entendí que aunque antepuse la perfección jamás estuve cerca de alcanzarla pero hoy sé que no la necesito en mi vida.

Me asomé al pasado, al presente y al futuro y supe que solo yo tengo la responsabilidad sobre mi felicidad. Nadie más puede cargar con ese peso y mis circunstancias no están por encima de ella.

Me asomé y vi quien fui y no soy más. Quien nunca volveré a ser. Quien no quiero ser. Quien no dejaré que sea ni esté. Y volví a esa que fue pero que había dejado de ser por un error tras otro de cálculo.

Me asomé y volví a priorizarme. De mis cinco frentes invertí demasiado en uno y dejé medio abandonados otros, siempre a medio gas, siempre la mitad de todo y todos.

Me asomé y abrí los ojos. Aún hay un corazón lastimado, aún hay muchos altibajos, emociones desbaratas y acepté que hay muchas comas y puntos que no puedo borrar pero empecé a escribir un nuevo capítulo y ahora soy yo quien escribe la tilde que su vida necesita.

Me asomé y asumí que así soy yo con mi autenticidad, con una sinceridad que a veces molesta aunque sea educada. Admití que sigo levantando muros pero ya no sostengo castillos en el aire, al menos conscientemente.

Me asomé y me perdoné por las monedas que no gasté y aunque sé que estoy muy lejos del olvido y del perdón verdadero me acepté sabiendo que la confianza que se pierde jamás vuelve a depositarse. Adentré en mis más y en mis menos y encontré el equilibrio.

Me asomé para recordarme que los nunca más, los yo nunca y los para siempre son sentencias que pueden recurrirse.

Me asomé y te vi, nos vi y ahí supe que pase lo que pase vas a estar cerca de mí susurrándome que no estoy sola, que siga jugando, que la partida aún no acabó, que mis cartas son las que son y con ellas tal vez no gane pero haré la mejor jugada que pueda, que no se trata de tener siempre el as si no sé saber que hacer con toda la baraja y que no hubo un día que no apostaras por mí.

Me asomé…

8M 💜

Cada día a mis pequeñas campanillas les recuerdo que sus alas son solo suyas y nadie tiene el derecho a cortarlas. Les digo que siempre tienen que dejar claro cuáles son sus límites y que quien les hace sentir mal no puede formar parte de su camino.

Ellas saben que su cuerpo es su templo y nadie tiene derecho a juzgarlas por enseñar más o menos pierna. Los colores que eligen, la ropa que se ponen o los deportes que practican no tienen género. Formamos parte de una globalidad donde hombres y mujeres podemos ser todo y donde debemos tratarnos como iguales.

Ignoran cuánto de cierto o no es cada una de estas afirmaciones. No han oído hablar de la desigualdad entre hombres y mujeres y de las renuncias que hacemos las madres para cuidar de nuestros hijos en la mayoría de los casos dejando de lado nuestra carrera profesional y aspiraciones. Tampoco saben que seguimos recibiendo comentarios asquerosos por nuestra falda corta y que la historia nos ha ignorado durante siglos.

Existe el feminismo porque el machismo lleva años callando a las mujeres, atándolas en corto, relegándolas a puestos inferiores y ocultando nuestro pasado. Nuestro mundo no necesita posturas extremas ni peleas, lo que necesita es justicia e igualdad para todos los hombres y mujeres. Mientras eso llega solo nos queda la educación y la lucha.

Educo mujeres en mi casa y observo a mis alumnos más mayores. Las nuevas generaciones vienen con algunas ideas claras aunque en materia de igualdad son ellas las que se sorprenden de cuantas cosas aún hay por mejorar. Y a vosotras mamás de hombres os pido que cambiéis la historia y eduquéis en vuestros hogares a personas que respeten a las mujeres y las vean como un igual. Tenéis la llave para cambiar los viejos esquemas. Al final se trata de educar a personas con valores y que entiendan que somos diferentes por fuera pero no distintos en cuanto a aspiraciones, sueños y derechos.

Siguen muriendo demasiadas mujeres y sufriendo violencia de cualquier tipo. Mujeres casadas a la fuerza, mutiladas sexualmente, repudiadas, tapadas con velos y en algunas culturas se ve el nacimiento de una mujer como una desgracia. Seguimos recibiendo comentarios machistas por nuestra forma de vestir o pensar. No estamos seguras al volver a casa por la noche y tenemos que mandarle un mensaje a nuestra amiga para que sepa que hemos llegado bien. Es increíble saber la cantidad de mujeres que hemos sido acosadas una noche y hemos sentido verdadero miedo. Por no hablar de haber sido juzgadas o tratarlo como un tema tabú por sentirnos culpables.

Nuestra sociedad tiene que cambiar y si tú que me estás leyendo quieres formar parte de ese cambio tienes que empezar a respetar al ser humano que tienes al lado sea quien sea. Las mujeres tenemos que ayudarnos y darnos fuerza entre todas, hacer comunidad, hacer equipo y no para ir en contra de nadie si no para ser como el junco que se dobla pero se mantiene en pie y le demuestra a las generaciones futuras que ser iguales es una realidad y no una quimera.

Larga vida al 8M mientras tenga que existir.

Levanté un muro…

Levanté un muro. Piedra a piedra cargadas con mis manos las fui colocando bien pegaditas sin dejar ni el más mínimo espacio entre ellas.

Levanté un muro. No demasiado grande ni alto pero me ayudó a sentirme segura.

Levanté un muro. No tenía ni puertas ni ventanas y la única forma de atravesarlo era saltando. Escondí la escalera.

Levanté un muro. Y no quise ver ni volver a mirar. Tampoco escuchar ni sentir.

Levanté un muro. Me ayudó a no sentirme frágil ni vulnerable. Dueña de mi presente, equilibrada y fuerte.

Levanté un muro. Cada piedra sostenía un millar de recuerdos, de planes no completados ni proyectos acabados. El cemento resultó ser de gran calidad pese a estar hecho de rabia, ira y emociones nada bonitas.

Levanté un muro. Fue un trabajo minucioso, largo y muy estudiado. No dejé que nadie me ayudara ni se entrometiera. Era mi muro y solo mío.

Levanté un muro. Lo hice para escapar. ¡Qué cosa tan loca! Los muros no sirven para escapar y ayer aprendí que derribarlos permite caminar de ambos lados y llegar a cual sea tu destino.

Levanté un muro. No estoy preparada para derribarlo. Pero quizás vuelva a colocar la escalera y me asome a ver lo que hay al otro lado. Quizás vuelva a querer mirar, escuchar y sentir. Tal vez me deba esta oportunidad para poder preparar la tierra para volver a sembrar otras semillas que den otros frutos. Está bien dejar el corazón en barbecho pero después hay que volver a prepararlo para que vuelva a ser fértil y hermoso.

Levanté un muro sin saberlo, sin buscarlo y sin provocarlo. Coloqué algunas máscaras y unos cuantos antifaces pero soy demasiado transparente al ojo humano de la terapia. No me rindo, no bajo los brazos y no me falta valentía.

Levanté un muro. No fue la mejor solución pero sí la que tenía para ofrecer en ese momento. La vida no es un juego de niños y hace tiempo que me cansé de los secretos, los juegos y los laberintos.

Levanté un muro. Lo levanté pero sé que algún día lo dejaré caer. Mientras tomaré aire y seguiré adelante como antes, como ahora y como mañana.

A-M-O-R en cuatro letras

La palabra amor es quizás una de la más buscadas, una de las más usadas y una de las pocas que tiene múltiples definiciones. Y es que su significado puede ser muy distinto para cada uno de nosotros.

Pero mi entrada de hoy no trata de definir lo que es el “amor”, al menos no un amor cualquiera sino un A-M-O-R en cuatro letras. Y ¿qué es ese amor? ¿Qué tiene ese amor que no tenga otro?

Ese amor es aquel que sabrás que es porque lo habrás soñado. Es ese amor que quizás no hayas experimentado nunca pero conocerás de su existencia. Es ese amor que se fijará en tus partes buenas y aceptará las menos buenas. Y que de tus defectos hará oportunidades y caminos.

Es un amor de cuatro letras que crecerá a tu lado, contigo, en tu misma dirección y de forma paralela. Despertará tus sentidos, ahogará tus miedos y acallará tus demonios. Es un amor sin culpas, sin límites y sin atajos. Es el amor del para siempre y del jamás. Es el amor pleno, continuo, sin redes y con solera. Es el amor que no se esconde y que no recula. Es el amor que siempre tiene la mejor jugada, el as de oros y el jaque mate de cualquier partida que la vida quiera jugar.

Un A-M-O-R de cuatro letras es el que se queda aún teniendo ganas de salir corriendo. Es el que te espera con una taza de té caliente, el que te guarda el último trozo de tarta y te cede el final de su helado. Es para quien siempre hay un plato de caliente en su mesa, una cama con sábanas limpias y todas las horas de una madrugada para hablar.

Ese es el amor de quien perdió algunas batallas, que arrastra cargas y porta mochila. Que aprendió a mirarse al espejo, que un día voló y navegó contra viento y marea. Cuando la marea bajó y el cielo se llenó de estrellas comprendió lo inmensamente pequeño que somos. Ese es el amor del sabio que mantuvo la esperanza porque en ella residen los sueños.

Un A-M-O-R de cuatro letras es un amor que perdura en el tiempo, que no improvisa, que construye unos buenos cimientos y no tapa agujeros. Es el amor de las miradas, de las caricias y del futuro. Es un amor que es refugio, salvavidas, oasis en medio del desierto, luz en la oscuridad, solución y no problema, amigo y amante, que está presente y no causa ausencia, que aclara y no perturba, que es confianza, verdad y fidelidad, que es rostro y no espalda. Es un amor que no es dolor ni tristeza.

Si por suerte conocen este amor agarren fuerte cada una de sus cuatro letras para que nada ni nadie pueda separarlas porque juntas dan sentido a nuestra vida. No olviden cada mañana que todos y cada uno de nosotros somos el A-M-O-R de cuatro letras de alguien así que no reparemos en esfuerzo y cariño.